lunes, 4 de noviembre de 2013

CAPÍTULO 18 - VUELTA A CASA

El autobús paró en la estación haciendo chirriar los frenos. Solo habían pasado 4 meses desde que me había ido a la universidad pero parecía que hacía mucho que no pisaba la ciudad. Me sentía más madura, más independiente y con más seguridad en mi misma.
Coloqué mi maleta en el suelo y vi a mi madre esperándome. Se acercó y la abracé con fuerza. No me callé en todo el trayecto de vuelta a casa, contándole todo lo que no le había contado ya por teléfono. Una vez en mi habitación, deshice la maleta con rapidez, contenta de estar allí de nuevo.
Llamaron al timbre y mi madre abrió la puerta. Les escribí un mensaje a mis amigos: "¡No sabéis cuántas ganas tengo de veros, chicos!" En pocas horas había quedado con ellos, necesitábamos ponernos al día.
- Catherine, ¿puedes bajar un momento? - Preguntó mi madre desde la planta baja.
- ¡Voy! - Bajé las escaleras con agilidad y nostalgia, había echado de menos esa casa y esos viejos escalones.
En el umbral se encontraba una figura conocida que hizo que mi corazón se desbocara. Mis pies frenaron en seco nada más llegar al rellano.
- Dean. - Dije sorprendida. Me llevé las manos a los bolsillos del vaquero, escondiendo su temblor. Mi madre desapareció hacia el interior de la casa de forma sigilosa.
- Catherine, tienes buen aspecto. - Dijo. Tenía el cabello más claro por el sol y la piel más tostada, aunque sus ojos seguían manteniendo ese tono verde-azulado. - Te has cortado el pelo. - Advirtió. Nada más comenzar la universidad había cambiado mi larga melena por un corte a la altura del cuello. Moví la cabeza y noté su ligereza.
- Necesitaba un cambio.
- Te sienta bien.
- Gracias. - Nos quedamos observándonos mutuamente en silencio. Notaba algo diferente en él que no era evidente a simple vista, tal vez fuera su actitud serena, su pose segura, la madurez en su mirada. Pasé el peso de una pierna a otra, incómoda. - ¿Qué haces aquí?
- Ah, si. - Reaccionó. - No sé si recordarás lo que te conté hace tiempo sobre mi compañero de batalla, David, y lo que me pidió que hiciera antes de que él, bueno... - muriera, era la palabra que trataba de decir. Asentí, nunca olvidaría esa historia.
- El reloj de bolsillo. - Dije simplemente.
- Exacto. ¿Por casualidad no lo tendrás tú? Es que lo llevo buscando unos días por toda mi casa pero no lo encuentro.
- Sí, lo cogí cuando te dimos por... desaparecido. - Me metí un mechón de pelo detrás de la oreja. - Enseguida te lo devuelvo.
Subí a mi habitación y rebusqué en la cómoda. Saqué un viejo pañuelo de uno de los cajones y lo abrí, en su interior se encontraba el reloj en perfecto estado. Volví al recibidor.
- Aquí tienes. – Se lo di. -  ¿Qué vas a hacer con él?
- Algo que debería haber hecho hace mucho tiempo, cumplir la última voluntad de David. Se lo llevaré a su familia. - Acarició su superficie con delicadeza. - He estado investigando y creo que ya se dónde encontrarlos.
- ¿Me podrías avisar cuando lo hicieras? Me gustaría saber que ha llegado a manos de sus legítimos dueños.
- Lo haré. - Asintió, mirando el reloj. Guardamos silencio durante un momento, entonces Dean suspiró. - Gracias por haberlo guardado durante todo este tiempo.
- No tienes por qué dármelas. - Me sonrió fugazmente y salió de mi casa, cerrando la puerta tras él con suavidad.

Entramos en un restaurante que habían abierto hacía poco tiempo. Las paredes estaban cubiertas con cuadros de películas modernas y clásicos del cine. Pedimos una mesa para cuatro y nos llevaron hasta un rincón cerca de la ventana. Los asientos eran mullidos sillones de un color rojo oscuro. Me senté junto a Anne y John e Isabelle se acomodaron frente a nosotras, de espaldas a la ventana. Mientras nos servían la cena, comentamos nuestros inicios en la universidad, cada una en la suya. John, que estaba en el último curso de Bachiller, nos contó curiosidades sobre su clase.
- ¿Sabéis que Peter se ha hecho un tatuaje por una apuesta? - Solté una carcajada incrédula.
- ¿En serio? ¿Dónde?
- No me lo quiso decir. Por lo visto se lo hizo a juego con dos amigos suyos. - Pensé que se refería a Dean y Jack pero pronto descarté esa idea de mi mente. A Dean no le gustaban en absoluto los tatuajes y Jack, bueno, no me lo imaginaba pintarrajeando de esa forma su cuerpo.
- ¿Qué se habrá hecho? - Cavilé en voz alta. John se encogió de hombros. Isabelle sonrió al mirar su móvil. - ¿Qué es Jack? - Pregunté con una sonrisa. Llevaban saliendo algo más de un mes e Isabelle parecía más contenta que nunca. Asintió con las mejillas sonrojadas.
- Me... Nos desea una buena cena. - Respondió corrigiéndose.
- Qué simpático. La próxima vez tenemos que quedar también con él. - Dijo Anne. - Bueno, John, ¿cuándo vamos a volver a ver a Charlotte?
- La semana que viene. ¡Por fin! - Sonrió tanto que se le vio la encía superior. - Esto de tener una novia estudiando fuera es más duro de lo que pensaba. Me gustaría poder verla todos los días pero merece la pena la espera. - Miró a Anne. - Si es difícil para mi no me quiero ni imaginar por lo que tienes que estar pasando tú.
- Echo muchísimo de menos a Darren. Él en Francia y yo aquí, por lo menos tú puedes estar con Charlotte más a menudo. Solo podemos hablar a través de Internet y, entre sus estudios y los míos, tampoco podemos tener una conversación en condiciones. - Suspiró. - Pero bueno, como tú has dicho, merece la pena. El verano que viene nos veremos, ya sea yo yendo para allá o él viniendo aquí.
- A ver si él se queda aquí. Podría buscar trabajo cerca de tu universidad o incluso apuntarse en ella. - Sugerí.
- Ojalá. - Dijo Anne con un suspiro. El camarero nos sirvió. - Por cierto, Cath, ¿y tú qué? - Negué con la cabeza, sin poder evitar pensar en Dean y su inesperada visita.
- Yo nada. Me he dedicado a centrarme en mis estudios, necesitaba un descanso de chicos.
- Bien dicho. - Me incliné hacia mi plato de comida. ¿Cuánto tardaría Dean en encontrar a la familia de David? Esperaba que no le llevara mucho. ¿Y qué dirían cuando le vieran aparecer con el reloj de su difunto esposo?

Me incliné hacia atrás, acomodándome en el asiento.
- Estoy llenísima. - Dije llevándome una mano al estómago.
- Yo también. - Habló Isabelle. Anne asintió.
- Y yo. - Añadió John.
- Para que tú estés lleno eso sí que es raro. - Comentó Anne. Reímos tontamente, parecía como si el tiempo entre nosotros no hubiera pasado y nos hubiéramos estado viendo todos los días.
Dos personas pasaron por el otro lado de la ventana. El chico era alto, de cabello castaño y ojos azules. Su sonrisa traviesa y su mirada seductora estaban ahora puestas en la chica morena de baja estatura y pelo rizado que caminaba a su lado, agarrada de su brazo. Miré hacia Anne, que estaba concentrada hablando con Isabelle mientras John miraba su móvil, absorto. Nadie más le había visto. Era Nigel y, por lo que parecía, tenía novia. Entraron en el restaurante, él sujetándole la puerta a ella con caballerosidad. Nuestras miradas se cruzaron durante un instante hasta que él la desvió con rapidez. La camarera les indicó una mesa en el lado opuesto al que nos encontrábamos nosotros y él tiró de la mano de su compañera, alejándose a paso ligero.
Me alegraba que hubiera encontrado a otra chica y, por la forma en que la miraba, parecía que le gustaba de verdad. Me alegró aun más comprobar que el magnetismo que me había atraído irremediablemente hacia él había desaparecido. Aún me parecía guapo y le tenía aprecio por el tiempo, poco pero intenso, que habíamos pasado juntos, pero no sentía esa irrefrenable atracción que me hacía olvidarme de mi misma y lanzarme a sus brazos inconscientemente.

1 comentario:

  1. Ay, ay, ay. ¿Al final va a volver con Dean?
    Me ha gustado muchis el capítulo, y estoy esperaaaaaaaaaaaando volver yo a casa.
    Quiero leer más más más.
    Un muaac <3

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